17 de marzo de 2017

Un encarcelado por violación en San Fermín alardeó de su fechoría a través de "WhatsApp"

Ocurrió el pasado mes de julio en Pamplona, a las 3,45 de la madrugada cuando suena el teléfono de la Policía Municipal de Pamplona y se informa de que se encontró a una chica en un banco de la calle Roncesvalles junto al monumento del encierro, llorando y que decía haber sido victima de una violación.
La joven era una chica madrileña de 18 años que salió de Madrid el miércoles 6 de julio con uno de sus amigos para disfrutar de los Sanfermines. No tenían hotel para pasar la noche, ya que pensaban dormir en el coche aparcado en el barrio de Lezkairo.
Después de comer salieron de Madrid y llegaron a Pamplona sobre las seis media de la tarde, aparcaron en el Soto de Lezkairo y se fueron a la zona ambiente. Se adentraron en el casco Antiguo, la zona de la fiesta, y estuvieron por distintos bares, aunque no bebieron mucho y luego fueron a la Plaza del castillo donde había un escenario en el cual hacían conciertos.
El concierto acabó a las 2:30 de la madrugada, pero el amigo de ella se fue una hora y media antes a dormir al coche debido al cansancio del viaje.
Sin embargo, ella no estaba sola. Se encontró a unos amigos de la Universidad de Madrid, y tras terminar el concierto se separó de sus amigos debido a la muchísima gente que había. Eran las tres de la madrugada y el centro de Pamplona estaba lleno d egente. La chica no encontraba a sus amigos y se sentó en un banco de la Plaza del castillo, junto a la bajada de Javier. En ese mismo banco estaba sentado un chico joven y otros tres más estaban enfrente de este, charlando animadamente. Habían avisado a través de las redes sociales de su llegada a Pamplona.
Uno de ellos se interesó al verla sentada y le preguntó qué hacía por Pamplona, le preguntó su nombre...
Los jóvenes tenían un marcado acento andaluz, eran de Sevilla. El que estaba sentado era de complexión fuerte; medía 1,65, tenía el pelo corto castaño claro; otro de ellos, medía aproximadamente 1,60 de altura, tenía los ojos claros, el pelo castaño claro, corto, con barba, delgado y llevaba un reloj muy grande. Otro era moreno de piel con el pelo corto rapado y sin barba y, el último, medía 1,75, era muy moreno de piel y tenía el pelo corto, barba abundante, ojos oscuros y un gorro rojo.
Estuvieron hablando, bailando y bebiendo. Quince minutos más tarde, la chica les dijo que se iba para dormir, pero los jóvenes decidieron acompañarla ya que también tenían su coche en el barrio de San Jorge.
Los jóvenes fueron andando. Uno de ellos hablaba con la chica mientras los otros iban delante. Cuando llegaron a una calle, los que iban delante se dirigieron al hotel Leyre, en la misma calle y la chica esperó con el joven a que estos llegaran. Siguieron el camino, pero la chica empezaba a sentirse incómoda ya que la agarraban mucho, la barazaban bruscamente...
La chica quería librarse de ellos cogiendo por otra calle, pero ellos la seguían, y así hasta llegar a la calle Paulino Caballero. Ahí, dos de los jóvenes la agarraron por las muñecas y la metieron en un portal. Ella intentó escapar y gritó, pero le taparon la boca para que no se escuchara. Entonces fue cuando la tiraron al suelo, le quitaron el sujetador y el pantalón. Uno la agarró de la cadera y otro del cuello. En la violación participaron todos mientras lo grababan en vídeo y se jaleaban y animaban entre ellos.
Una hora después, uno del grupo escribió un mensaje a un grupo de la "app" denominado 'La Manad'.
-Buenos días, follándonos a una entre los cinco. ¡ja, ja, ja!. Todo lo que cuente es poco – dijo uno de los jóvenes- Puta pasada de viaje. Hay vídeo – añadió el mismo.
-Cabrones, os envidio. Esos los viajes guapos -comentó un integrante del grupo que no estaba en Pamplona.
La chica fue ayudada por una pareja Etxauri que la encontraron llorando en un banco y llamaron a la policía. Al llegar los agentes, fueron donde tuvo lugar la violación y allí encontraron vasos de plástico, la tarjeta de memoria, la Sim y la carcasa del móvil de la joven, aunque el teléfono no estaba.
El amigo de la joven no volvió a verla hasta el día 7 a las cuatro de la tarde cuando los agentes la acompañaron al Soto de Lezkairo, después de la declaración sobre la agresión y pasar por un examen médico.
Los cinco sevillanos se metieron después en el recorrido del encierro. La Policía Municipal de Pamplona, que llevaba la investigación, dió la alerta con la descripción de los hombres.
Uno de los agentes, gracias a las cámaras de seguridad, los localizó en el recorrido antes de comenzar la carrera. Tras la alerta de que habían descubierto a los hombres, dieron el aviso al resto de los efectivos y a la Policía Foral, el cuerpo encargado de la plaza de toros. Pidieron a los jóvenes que les acompañaran hasta el patio de caballos para identificarlos. Los agentes vieron el sombrero rojo y el reloj grande y pidieron ver los tatuajes que llevaba. Los cuatro quedaron detenidos junto al amigo de Sevilla que todavía estaba en el interior de la plaza de toros.

Marina Piña Pinto 4º B

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